sábado, 25 de enero de 2014

Anomalía breve sobre el universo.

Odio el té.
Me encanta que las personas que odio tomen té,
porque lo odio.
En casa tengo té para los invitados más extraviados.
Cuando ocupan la mesa, muy de vez en vez,
les sirvo una taza si han comido bien, y yo bebo café,
mientras hablan de cosas del té
que no me interesan.
Pero nunca acierto y siempre hay algún té,
mejor que los 'tés' de mi despensa.
Entonces si son hombres no los vuelvo a ver
y si son ellas me echo bien
las manos a la cabeza.
Lavo bien las cucharillas y salgo a pasear por las aceras,
me relajo de tanto extraño y fiesta chapucera.
Y da igual si echo de menos
lo que ya no espero
y que tu me des igual porque te irás
porque té quiero.
Mi libido pendula entre dilemas muertos
entre inventos que una vez imaginé y
coloqué sobre tus pies,
a andar con tus maneras
y hablar con tu desaire turbulento;
en un tóxico intento de sobrevivir.

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