viernes, 5 de agosto de 2011

"La casita"

Tenia una casita preciosa en un prado que imaginaba o creía limpio y cálido, de esos que tienen hierba fresca en invierno, margaritas y amapolas en primavera y girasoles bien altos en verano. Una casita con unas ventanas bien grandes para que entrase el fresco del anochecer y amanecer cuando los girasoles y una chimenea de ladrillos donde quemar cartas de amores amañados cuando la hierba fresca. Un tópico. Y todavía vuelvo allí, con la secreta esperanza de poder encontrar un libro de recetas abierto sobre la olla o una toalla tirada frente la ducha.  Pero los lapiceros del pequeño estudio siguen desordenados y el único boli que prefiero utilizar, no tendrá tinta, no, no tiene ya, los cuadernos están llenos de poesías bonitas infectas de manchas de polvo y café. Así que, lo tendré que escribir sobre un almanaque caducado con un rotulador gris: que no pienso volver, que me he comprado una casa en la ciudad de esas en las que no hace falta abrir las ventanas para que entre el fresco del prado, porque no hay prado, y no hace falta tener una chimenea de ladrillos para calentarse de la hierba fresca, porque no hay hierba fresca. No encontraré poesías infectas, porque no habrá poesías.


(Bl.)

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