martes, 16 de agosto de 2011

AUREA MEDIOCRITAS

Hoy ha subido al tejado a mirar las estrellas. Aunque el cielo no fue nunca algo por lo que sintiera especial devoción, cosa por la cual se aflige, pensando que ello no es digo de alguien que necesita cuadernos en blanco , a veces, inmediatamente.
Pero él la subía allí cuando tenía ocasión, porque allí, la mediocre luz de las farolas que no están apedreadas en la calle, si acaso queda alguna, ayuda al muchacho a darle explicaciones sobre las constelaciones, y en general, el cosmos, que de nuevo, no es algo que a ella le apasione, pero en el fondo, pensar que las grandes estrellas de las que le habla, se pueden tapar con un dedo, es algo interesante.
Esta noche, nadie le ha pedido subir, y allí está ella, porque allí es donde él habría gustado de ir probablemente , una noche como ésta, con ésta luna tan llena, cuando ella habría preferido quizá decir que no.
Pero ahora no mira el cielo en derredor, ha decidido concentrarse en las sombras de las barandas de otros balcones; tan mustios, tan grises, que parece que susurran cosas tristes, o que lo harían si pudieran, tan solos , tan firmes...los balcones son un mundo. Ha decidido fijarse, en las luces, chispeantes a lo lejos, esparcidas como purpurina, en los automóviles que giran las esquinas mas cercanas en ésta noche tan poco bohemia.
Y ahora, solo oye música en su alma, que aunque muchos piensan, que es donde se debiera realmente de escuchar, a ella le parece un tanto blasfemo. Esto no es París, ni Venecia. Francia o Italia quedan a miles de kilómetros de aquí. Quizás a años luz para ella. Tal vez, su gatito, que la acompaña como aquel que goza de un sexto sentido, le da cierto encanto a la causa, si es que la hay, merodeando sobre los tejados y las barandas de los balcones que son un mundo , en forma de silueta, entre a veces; el sonido de alguna rata insensata o tal vez, demente , que debe estar buscando su último aliento o algún trozo de pan por aquí. Como todos.
(Bl.)

lunes, 15 de agosto de 2011

Else about you




Cuando dices que me quieres, te creo.
Te creo tanto que te quiero más.
Luego dejo que te vayas, y te vas.
 
(Bl.)

viernes, 5 de agosto de 2011

"La casita"

Tenia una casita preciosa en un prado que imaginaba o creía limpio y cálido, de esos que tienen hierba fresca en invierno, margaritas y amapolas en primavera y girasoles bien altos en verano. Una casita con unas ventanas bien grandes para que entrase el fresco del anochecer y amanecer cuando los girasoles y una chimenea de ladrillos donde quemar cartas de amores amañados cuando la hierba fresca. Un tópico. Y todavía vuelvo allí, con la secreta esperanza de poder encontrar un libro de recetas abierto sobre la olla o una toalla tirada frente la ducha.  Pero los lapiceros del pequeño estudio siguen desordenados y el único boli que prefiero utilizar, no tendrá tinta, no, no tiene ya, los cuadernos están llenos de poesías bonitas infectas de manchas de polvo y café. Así que, lo tendré que escribir sobre un almanaque caducado con un rotulador gris: que no pienso volver, que me he comprado una casa en la ciudad de esas en las que no hace falta abrir las ventanas para que entre el fresco del prado, porque no hay prado, y no hace falta tener una chimenea de ladrillos para calentarse de la hierba fresca, porque no hay hierba fresca. No encontraré poesías infectas, porque no habrá poesías.


(Bl.)

jueves, 4 de agosto de 2011

...

- No sabría decirte como son las estrellas que frecuentan mi terraza en las noches oscuras, porque nunca las miro- dijo, con el tan sumiso despecho, con la tan vulgar sinceridad...
Igual que podria haber dicho cualquier otra cosa. Igual que pensó que su perro nunca moriría, que jamás le faltaría algo de dinero o que siempre habría alguien para amarle.
Igual que hay personas cuya sonrisa les favorece, y otras que lucen mejor con la boca cerrada.
¡Como si nada tuvieran que ver con él las estrellas!.

(Bl.)